A las deficiencias del servicio médico y el desabastecimiento de fármacos –según denuncias– se suma que el Hospital Central muestra su peor faceta con una infraestructura en pésimo estado.

En un pasillo lúgubre, una mujer está sentada en una silla plegable, junto a un colchón colocado en el piso. A metros de ella, un hombre despliega un asiento de madera para acomodarse junto a sus bolsones. Otros esperan parados algún informe de los internados.

Esta es la postal en los pasillos del subsuelo del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS). El subsuelo funge de albergue para los acompañantes, que hasta acampan y duermen en los fríos, sucios y oscuros corredores.

Los albergues no dan abasto y los familiares optan por acomodarse en esta zona, en las inmediaciones de las salas de internaciones del servicio de emergencias por si el paciente requiera algún medicamento o trámite. Por ello, se acomodan en sillas plegables o colchones para hacer vigilia durante las 24 horas.

Los años pasan factura a la infraestructura del Hospital Central que ya suma cinco décadas. El edificio padece un deterioro que avanza lentamente, especialmente, en la zona del subsuelo y en los últimos pisos, según pudo comprobar un equipo de ÚH.

Algunos bloques de consultorios están en total estado de abandono, con iluminación a medias, pintura rasgada y pisos rotos que dan un panorama desolador en el principal centro médico del seguro social.

El bloque de consultorios para sicologías muestra su peor rostro con un espacio poco eliminado, sucio e incluso sombrío. En gran parte del edificio, las sillas también ya están rotas, sin espuma y con tapizados destrozados.

Hay –incluso– pabellones completos abandonados y sucios, que contienen carteles que anuncian el funcionamiento de algún consultorio como el caso del futuro servicio de endocrinología, en la ex Policlínica.

Tras la mudanza de este servicio, solo algunos espacios vacantes fueron remodelados y reubicados a otras dependencias. Otros, están sucios y abandonados.

Colchones apilados, doblados, bolsones, utensilios dispersados en el piso son parte de la postal en gran parte de las dependencias de la Previsional.

Incluso, las palomas se pasean libremente en los pasillos de los pisos superiores ante la atenta mirada de los asegurados.

Los gatos también copan los pasillos de los pisos superiores, en las que se depositan mobiliarios y camas hospitalarias en desuso.

A las falencias en los servicios médicos, de la escasez de medicamentos, según la denuncia constante de los asegurados, se suma las deficiencias edilicias del Hospital Central, que tras la mudanza de algunos servicios a Ingavi o al Centro de Atención Ambulatoria muestra su estado deplorable.

AL BORDE DEL COLAPSO. En el piso del Servicio de Maternidad, la sala de espera está colapsada y fuertemente controlada por guardias de seguridad, que vigilan a la gente agolpada en el sitio en espera de informes sobre los partos.

En medio de la larga espera, una persona estaba tratando de evangelizar en medio de la gente cansada. Leía la Biblia en voz alta, pero los hombres y las mujeres ignoraban la prédica. Mientras, un guardia controlaba la zona.

Con bolsones, utensilios, sillas plegables y hasta colchones, los acompañantes esperaban noticias de los nacimientos en un servicio al borde del colapso.

Solo algunos servicios fueron refaccionados y están en buen estado, otros bloques solo tienen carteles de anuncios de que albergarán a alguna dependencia, pero no hay obreros trabajando. Este es el panorama desolador en el principal servicio de salud de la Previsional.