Sabina Albarenga, se llego desde la compañía San Roque, Mburicai, es una de las recientes ganadoras de los sorteos de Salvatore.
Pero detrás del premio, hay una historia profundamente humana que conmovió a todos: la de una madre que, entre el dolor y la fe, encontró en la suerte un rayo de alivio.
Sabina llegó hasta la oficina de Bingo y rifa Salvatore, para cobrar su premio de G. 1.000.000, obtenido gracias a que compró cartones por valor de 20.000Gs que había ganado previamente con dos dígitos en la rifa del 4×1 de Salvatore.
Ese monto, aunque pequeño, fue suficiente para volver a intentarlo. Y esta vez, la suerte se llego nuevamente, «Che kuehe ndarekoi ni un peso la realidad», ha ajukuevo che rogape, ajerure ñande jarape, ha ha´e chupe, «etopakapaitekena cheve la che memby ñemboehape ofaltaba» mencionaba entre lagrimas Ña Sabina.
Con lágrimas en los ojos, recordó que desde hace algunos días sigue con devoción la novena de su hijo, fallecido hace poco tiempo.
Comento también que en la primera vez que ganó 2.500.000 con Salvatore ella pidió con el corazón un auxilio: necesitaba dinero para terminar el panteón donde descansan los restos de su hijo.
«Justo ha´e la che membype ahekahaipi poha pe esteralpe, ndenteke che memby etopaka cheve ajapoka hagua ndeve la nde panteon», ha 3 dias ha´e haguepe anohema» dijo Ña Sabina.
Tres días después de aquella plegaria, en septiembre, ganó G. 2.500.000. Ahora, nuevamente, la suerte llegó a sus manos, esta vez por número de cartón.
“Yo le pedí que me ayude con los gastos que estamos teniendo… y él me escuchó”, señaló Sabina, emocionada.
Para ella, cada premio no solo representa alivio económico, sino un mensaje de esperanza y consuelo en medio del duelo.
Su testimonio se suma a las muchas historias de ganadores que, más allá de la suerte, encuentran en estos sorteos un apoyo inesperado en los momentos más difíciles que se los trae siempre Salvatore en cada sorteo.





