Cada 24 de enero, celebramos el día de la educación recordando que enseñar va más allá del conocimiento: forma personas capaces de transformar su entorno.
Cada 24 de enero, celebramos el día de la educación recordando que enseñar va más allá del conocimiento: forma personas capaces de transformar su entorno.
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Por Amalio Enciso,

Director de la Escuela Agrícola Autosostenible Cerrito — Fundación Paraguaya

Cada 24 de enero, Día Internacional de la Educación, el mundo reflexiona sobre el valor de educar. Desde nuestra experiencia en la Escuela Agrícola Autosostenible Cerrito, creemos que educar no es solo transmitir conocimientos, sino formar personas capaces de transformar su realidad y la de sus comunidades.

En contextos rurales y de vulnerabilidad, la educación tradicional muchas veces no alcanza. Por eso, desde la Fundación Paraguaya impulsamos un modelo educativo diferente: aprender haciendo, producir mientras se aprende y demostrar que la educación puede ser, al mismo tiempo, una herramienta pedagógica y una fuente concreta de oportunidades económicas.

En Cerrito, los estudiantes no solo asisten a clases: trabajan la tierra, crían animales, elaboran alimentos dando valor agregado a productos primarios, gestionan servicios turísticos y aprenden a emprender. Cada actividad productiva es una lección de vida sobre responsabilidad, esfuerzo, trabajo en equipo y dignidad. Aquí, la educación deja de ser abstracta y se convierte en experiencia real.

Los resultados hablan por sí solos. Durante el 2025, nuestra Escuela Agrícola alcanzó logros que reflejan el impacto de este modelo. El Hotel Escuela Cerrito atendió a más de 8.500 pasajeros, permitiendo que los estudiantes se formen en hotelería, atención al cliente y gestión de servicios, mientras generan ingresos reales. La inauguración de Karaja Tour abrió nuevas oportunidades en turismo de aventura, diversificando la formación y conectando a los jóvenes con el potencial de su propio territorio.

En el área productiva, incorporamos dos nuevos invernaderos, alcanzando una cosecha de 11.000 kilos de tomate, y logramos una producción récord de 350.000 huevos, que abastecen al mercado y sostienen la autosuficiencia de la escuela. En la planta láctea, superamos los 13.000 kilos de queso producidos, obtuvimos una medalla de oro internacional y dimos un paso histórico con la exportación de quesos a Estados Unidos.

Pero detrás de cada cifra hay historias. Jóvenes que llegan con pocas oportunidades y egresan con un oficio, una visión emprendedora y la convicción de que pueden construir su propio futuro. Familias que mejoran su calidad de vida gracias a los conocimientos adquiridos por sus hijos. Comunidades que se fortalecen cuando la educación se traduce en producción, empleo y desarrollo local.

Este modelo demuestra que la educación puede romper el círculo de la pobreza cuando está conectada con la realidad, cuando forma para la vida y cuando confía en el potencial de los jóvenes. No se trata solo de enseñar a producir, sino de formar ciudadanos comprometidos, solidarios y capaces de liderar procesos de cambio.

En un mundo que exige respuestas concretas, las Escuelas Agrícolas Autosostenibles de la Fundación Paraguaya muestran que es posible unir educación, práctica real y valores, y que el aula puede extenderse al campo, a la fábrica de quesos, a la cocina y al emprendimiento.

En este Día Internacional de la Educación, celebramos una educación que no promete, sino que demuestra. Una educación que transforma, que genera oportunidades, que siembra el presente aumentando significativamente la expectativa de éxito en el futuro del joven. Esa es la educación en la que creemos y por la que trabajamos todos los días en Cerrito.